Es posible que la iglesia de San Miguel, situada en la parte alta de la plaza del mismo
nombre, se empezase en el siglo XII, pero la mayor parte de la misma se realizaría
durante el siglo XIII. De esta época se conservan los muros laterales, la portada y el
ábside. Ya en el siglo XV debió de construirse el cimborrio y la torre mudéjar, que
desapareció hacia 1919. El coro actual se le añadió a principios del siglo XVI. En el
siglo XVII se transformó en una iglesia de aspecto totalmente barroco, por el añadido de
numerosas bóvedas de yeso al interior. La restauración realizada hacia 1965 le devolvió
su estructura primitiva.
Toda la iglesia es de piedra sillar, salvo el cimborrio, que es de ladrillo.
Tiene tres naves, de sólo dos tramos cada una que se cubren con bóveda de cañón
apuntado, lo mismo que el crucero. El cimborrio tiene bóveda de arista. El ábside, que
se cubre con bóveda de horno, tiene al exterior triples columnas adosadas que terminan en
capiteles de hojas y bolas; un friso de arquillos ciegos apoyados en ménsulas recorre
todo el ábside.
La puerta está situada en el muro sur, en el tramo de los pies. Tiene cinco
arquivoltas de medio punto; la superior, con adornos de dientes de sierra y ajedrezado y
restos de policromía. Se conservan algunos capiteles, aunque muy deteriorados. |
El mural más grandioso y mejor conservado de los de Daroca es el del ábside central de
la iglesia de San Miguel. Es, además, el más conocido de todos ellos por haber sido
reproducido parcialmente en el Programa de Fiestas del año 1979 y en una breve guía de
la ciudad, de este mismo año.
Este conjunto mural es como un gran retablo acomodado a la forma del ábside,
con una gran casa central con el tema de la Coronación de la Virgen; esta escena queda
resaltada por sus dimensiones y por el cuidado de su ejecución, de manera que el resto de
las numerosas figuras aparecen como el acompañamiento requerido por ella. La escena está
enmarcada por el característico zig-zag de los frescos de Daroca; este zig-zag orla todo
el conjunto y cada una de las figuras de las cuarenta y ocho casas. En la parte baja hay
un banco con los doce apóstoles -seis a cada lado-, bajo arcosolios góticos, con los
nombres escritos sobre las cabezas. La parte central, entre las dos series de apóstoles,
tiene pintado una especie de muro, en tonos ocres y rojizos A los lados de la casa central
hay tres hileras de ángeles: la superior contiene doce ángeles -seis a cada lado- con
velones; en la central, otros doce ángeles con diversos instrumentos músicos: salterio,
corneta, órgano de mano, laúd, rabel, etc. La hilera inferior la ocupan doce ángeles
con incensarios. Como es lógico, todas las figuras miran al centro.
Todos los ángeles son de fina ejecución; pero tal vez lo más cuidado del
conjunto sea, con la casa central, las figuras de los apóstoles. La reciente
restauración ha devuelto a este mural el colorido, tan importante en la pintura. Ya se ha
dicho que estas pinturas se colocaron sobre el ábside románico de piedra en el período
gótico. Esta fecha estaría próxima a la ya señalada para el mural de Santo Tomás, de
la misma iglesia; de hecho, los dos conjuntos están muy relacionados, tanto por la
estructura como por el estilo; y no puede evitarse la tentación de pensar que uno de
ellos sirviera de modelo al otro. |