PRELUDIO

 

INDISPENSABLE

    Al fondo y bien visible, preferentemente un poco elevado del suelo, un altar hecho con piedras y la Cruz con ramas de árbol.
    Un árbol con piedras en su base.
    De dos a cuatro montículos, uno de ellos en el centro.
    Arbustos para ocultar los micrófonos
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COMPLEMENTARIO

   A ser posible, se completaría el escenario con tiendas de campaña y demás efectos que den ambiente de un campamento cristiano.
   Suenan tres veces trompetas heráldicas.
   En primer término, el HERALDO, acompañado por dos ESCUDEROS, da lectura al siguiente pregón.

    HERALDO. - Los hombres hacen las guerras sin contar con Dios. Ambicionan o defienden, usando para ello la sangre del débil. Del horror de una batalla en la que se siembra el odio, Dios, Rey del Amor, hace florecer, en ocasiones, el fruto de su omnipotencia.
    Y así, un hecho que ocupa una gloriosa página en la Historia de España, culminó con una evidente victoria del Cielo. Victoria doblemente meritoria. Pues a la par que llevó el triunfo a la causa noble, se perpetuó con un   testimonio milagroso que perdurará ante el mundo de todos los siglos, dando nombre eterno a una ciudad de Aragón.
    De ello puede dar fe la antigua Dareck de los fenicios y griegos; la Agiria románica, llamada Calat-Darwaca por los árabes. La gloriosa Daroca de hoy.
    Daroca, baluarte inmortal del cristianismo en la lucha contra el infiel, guarda celosa y con justo orgullo el legado de Dios, puesto en manos de los hombres aquella mañana de la segunda mitad de febrero de 1239, en la que sé consumó la victoria del Cielo.
    España sufría el dominio de los árabes. La reconquista de nuestro suelo había comenzado. El Rey Don Jaime primero, tomó la plaza fuerte de Valencia, posesión y trono del soberano musulmán Zaén. Habían retrocedido los árabes en sus posiciones, refugiándose en el castillo de Chío, a tres leguas de Játiva. El Rey cristiano, que tomó el sobrenombre de «El Conquistador», lanzó sus ejércitos para consumar el triunfo. Era su gobernador D. Jimeno Pérez, y para la defensa de las tierras conquistadas designó los tercios de Daroca, Calatayud y Teruel, que, junto al ejército de Valencia, estaban al mando de D. Berenguer de Entenza, señor de Mora y Falcet.
    Siendo así que la Historia nos legó, se rememoran los hechos que en aquella época sucedieron, y que culminaron con la doble victoria del Cielo. Victoria sobre los hombres. Victoria sobre las almas. Gloria eterna para la Cristiandad y nombre inmortal para la Ciudad de Daroca.

   Suenan tres veces trompetas heráldicas.
   Entre tanto, el HERALDO y los ESCUDEROS se retiran de escena.
   Llega una música de introducción y al descender de tono, se escucha la Voz en oculto, con la que se inicia el pasaje primero.

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