PASAJE SEXTO

 

    La música final del pasaje quinto, se funde ahora con los coros y cantos eucarísticos que sirvieron de acompañamiento a la comitiva procesional.
    Sobre este motivo musical surge la Voz.

    VOZ. - Y así, depositando los Sagrados Corporales sobre una mula tomada del campo sarraceno, que nunca pisó tierra cristiana, se le dejó caminar (libremente). Y allí donde la mula detuviese su caminar se otorgaría la custodia de tan venerada reliquia.

    Mientras la Voz dice las palabras siguientes, cruzan la escena, de derecha a izquierda, lenta y ordenadamente, los soldados cristianos, con lanzas, banderas y estandartes, así como también con los moros cautivos --tal como sucedió en la comitiva--. Esta «pasada» se hace sobre el primer término, sin más luz que la que proporciona una fila de soldados, portando antorchas, por segundo término.

    VOZ. - Y siendo esta decisión de conformidad de todos, se dispuso seguir la ruta que tomara la mula, formando nutrida comitiva, en la que habrían de inclinarse los rehenes infieles y los símbolos de la victoria cristiana.
    (Tras una pausa, mientras comienza a hacerse la "pasada" por primer término.)
    Pueblos y ciudades se sobrecogieron al paso de la comitiva. Miles de almas se llenaron de gozo y todas las gentes vieron la prueba divina de la providencia de Dios.
    Y hasta en tan arduo peregrinar, quiso el Señor hacer más prodigios, como para aportar mayores alientos en aquellos que estaban dando una auténtica demostración de fe.
    Llegado que fue el día 7 del mes de marzo de los 1239 años de la era de Cristo, y en habiendo transcurrido hasta cincuenta largas jornadas de continuo caminar, la mula portadora de los Sagrados Corporales detúvose en aquel lugar que el mismo Dios le tenía en su Providencia reservado.
    (Tras una pausa conveniente, procurando que coincida con la iniciación de la marcha de la comitiva.)
    Y allí donde por siempre quedó la reliquia Santa, habrá de darse en este momento cumplida y detallada noticia de cuantos aconteceres sucedieron desde el principio de gesta tan memorable, para conocimiento de las gentes de cuantos horizontes que quieran saber, para alabanza y eterna gratitud al Dios milagroso y para gloria y orgullo de la elegida y privilegiada ciudad de Daroca.

    Se inicia un canto angélico de gloria.
    Comienza la procesión, que seguirá el itinerario previsto.
    En primer lugar, la mula blanca, portando una arquilla de plata con cintas de seda. A prudente distancia siguen: MOSEN MATEO, una alta Cruz hecha con ramas, las banderas de los cuatro ejércitos, un grupo de soldados a caballo con lanzas, D. BERENGUER y, tras él, los cuatro capitanes formando una sola fila, gallardetes y estandartes, soldados cristianos con lanzas escoltando a sarracenos encadenados, el resto del ejército cristiano y un grupo a caballo. Formando doble fila, y desde el principio de la comitiva, van soldados portando antorchas encendidas.
    El recorrido es ambientado por música celestial y cánticos eucarísticos.
    M. MATEO imparte la bendición con los Corporales. La reciben de rodillas todos los personajes de escena, menos los que llevan banderas o antorchas. Este apoteosis eucarístico, se cierra cuando al terminar la bendición, y entre el cántico y los volteos de campanas, comienza en un punto convenientemente lejano detrás de la escena, una quema de fuegos artificiales.
    Al final, se hace el silencio total y el oscuro absoluto, matemática y sincronizadamente.

ASI TERMINA «LA VICTORIA DEL CIELO»

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