PASAJE CUARTO

 

    Tras un breve silencio, surge un redoble de tambor y llamada ágil de trompeta. Se repite el efecto por tres veces.
    Llega una música de amanecer, lenta, solemne, y al mismo tiempo esperanzadora.
    En el fondo musical, se escucha la Voz en oculto.

    VOZ. - Amanece el día señalado. Los ejércitos escuchan con sorpresa la imprevista llamada. Pero todos están prestos a las órdenes.

    Cesa el fondo y se convierte el sonido en un rumor de tropa. Conforme narra la Voz, llegan a escena M. MATEO y los cuatro capitanes, BLASCO, MAZA, CELADAS y D. GUILLEN, que le acompañan hasta el altar. Tras ellos vienen FABIAN, soldado darocense, que ayudará en la Misa.

    VOZ. - Como estaba previsto, va a celebrarse la Misa ante todos los soldados. Mosén Mateo, párroco de la de San Cristóbal, de Daroca, ahora capellán del ejército cristiano, oficiará el sacrificio. Le ayudará Fabián, un voluntarioso soldado darocense.

    Siguiendo la narración, M. MATEO se reviste, y los capitanes, desde ángulos distintos, van dando instrucciones a sus soldados, del modo que se indicará más adelante.

    VOZ. - La tropa está dispuesta. El capitán de cada Tercio ordena los distintos puestos de vigilancia, conforme el plan trazado por el general.

    D. GUILLEN, dirigiéndose a un supuesto ejército, da sus instrucciones.

    D. GUILLEN. - ¡Valerosos soldados de Valencia! Cincuenta de vosotros ocupad la parte norte del Puch de Codol, en la falda del monte. Extendeos en cordón, para vigilar al enemigo. Los demás, formad en derredor del altar, para escuchar la Santa Misa.

    Rumor de tropa en marcha.
    Llega un grupo de soldados que forma delante del altar.

    MAZA. - (Imitando a D. Guillén, dirigiéndose a un punto distinto.) ¡Por Calatayud y el rey...! Cincuenta de mis hombres, enlazad con los soldados valencianos, hacia la parte sur del monte de Puch. Estad atentos al enemigo. El resto, acudid junto al altar.

    Rumor de tropa en marcha.
    Llega otro grupo de soldados ante el altar.

    CELADAS. - (Igual que los anteriores, haciéndolo sobre otro punto.) Hombres de Teruel. Cincuenta bien armados, demostrad la fortaleza de los soldados de Teruel. Los demás, agrupaos para escuchar la ceremonia.

    Rumor de tropa en marcha.
    Llega un nuevo grupo de soldados, que se sitúan junto a los que ya están en escena.

    BLASCO. - ¡Darocenses! Que el título de héroes que ganasteis en cientos de batallas, quede demostrado hoy, una vez más. Al pie de este monte os apostaréis cincuenta de vosotros. El río Luchente es vuestro, tanto como vuestras vidas. Si el enemigo lo cruza, que lo haga sobre vuestros cadáveres. ¡Daroca será el ejemplo de heroísmo!

    Rumor de tropa en marcha.
    Nuevos soldados aparecen frente al altar.
    Tras un breve silencio, se escucha un redoble de tambor y llamada de trompeta.
    Llega D. BEBENGUER acompañado de D. VICENTE. Los Capitanes salen a su encuentro y, tras una reverenda, le acompañan al sitial de honor.
    Queda D. BERENGUER en un plano más alto, en actitud de hablar a los soldados.     Junto a él, en la parte baja, se sitúan los Capitanes.
    En la lejanía se escucha una solemne música de órgano.
    M. MATEO comienza la ceremonia de la Misa. Poco después, continúa la VOZ.

    VOZ. - Ha dado comienzo el sacrificio de la Misa. D. Berenguer de Entenza está arengando a sus soldados, animándoles para la batalla, que no se hará esperar.

    Gana intensidad la música, para quedar un silencio cuando...
    ...se apaga bruscamente la luz y surge, en el sector izquierdo de la escena, la figura de D. BERENGUER, iluminado por un solo foco de luz.

    D. BERENGUER. - (Como dirigiéndose al ejército.) En el nombre de Dios, Señor nuestro, y en el de nuestro soberano el Rey D. Jaime, os encomiendo, infantes cristianos, de valor bien probado, la misión más grata a los ojos de nuestro Dios y de nuestro monarca, la reconquista de nuestro suelo. Caballeros y soldados que tomasteis las armas para la defensa del poderío cristiano, ha llegado el momento más sublime, el más deseado por vuestro pecho lleno de amor a España. Al pie del altar del Todopoderoso, rendimos nuestros cuerpos y nuestras armas, antes de comenzar la batalla contra el infiel. El momento de poner a prueba vuestro heroísmo, ha llegado. Nada tengo que pediros, pues sobrado tengo por fe de la generosidad de vuestra sangre, siempre dispuesta para lavar las ofensas y los ultrajes que nuestro Reino recibió del musulmán invasor. Postraros ante el Creador, elevemos en su altar la súplica de su auxilio para la contienda, que no se hará esperar. Que no os falte la confianza en el Altísimo que, desde su trono celestial, guía nuestros corazones y protege nuestras vidas. Como igual sabemos que no os falta el valor para enfrentaros a un más numeroso enemigo. Pruebas de todo ello han quedado en las últimas luchas. Darocenses férreos, paladines de la victoria de Valencia. Valencianos indomables, celosos guardianes de los más valiosos frutos de la reconquista. Tercios de Teruel, horrendamente hostigados por la morisca, a quien supisteis contener para que su dominio no alcanzara otros pueblos. Calatayud, el poderío y la riqueza, vivero de numerosas legiones para el apoyo de la causa. A todos os emplazo en este señalado día que empieza a nacer entre las plegarias de la Santa Misa. Para que con la ayuda de Dios, no falte el temple que es el arma mejor de los cristianos. El infiel nos tiene cercados; romperemos el asedio y lucharemos hasta conseguir la victoria. Caballeros y soldados... ¡Con Dios y por Don Jaime... venceremos!

    Rápidamente oscuro total.
    Al mismo tiempo llega el sonido de unas trompetas llamando al combate, seguidamente griterío, rumor de lucha, acompañado de una música turbulenta, dantesca que, tras mantenerse en primer plano, pierde intensidad. Momento de expectación en todo el grupo. MOSEN MATEO se vuelve hacia D. BEBENGUER en actitud interrogante. D. BERENGUER, con un gesto, le indica que continúe.
Crece el rumor, cada vez más cercano, acompañado ahora por un clamor de trompetas.

    SOLDADO. - (Gritando desde muy lejos.) ¡Alarma...! ¡Alarma...! ¡Atacan los infieles!

    Por todos los sectores llegan grupos de soldados jadeantes.

    SOLDADO 1.º - ¡Atacaron por sorpresa!
    SOLDADO 2.º - ¡Viene un gran ejército por todos los rincones!
    SOLDADO 3.º - ¡Son muchísimos! Llegan por el norte...
    SOLDADO 4.º - ¡Y por el sur! Vienen feroces...
    SOLDADO 1.º - Cruzaron el río y están al pie de este monte.
    SOLDADO 2.º - ¡Estamos bloqueados!
    D. BERENGUER. - (Imponiendo serenidad.) ¡El momento ha llegado! ¡No hay tiempo que perder! Organicemos el contraataque, tal como estaba previsto.

    Los Capitanes toman el mando de sus grupos de soldados y parten con ellos por todas las direcciones.
    Crece el murmullo de una encarnizada batalla.
    Antes de marchar D. BERENGUER, se dirige a M. MATEO.

    D.BERENGUER. - Mosén Mateo, continuad la Santa Misa y pedid por nosotros al Señor. (Hablando a unos soldados.) Vosotros quedad de escolta.

    Quedan solamente en escena M. MATEO, FABIAN y media docena de soldados.      El rumor de lucha se entremezcla con una dantesca música guerrera.
    M. MATEO continúa la Misa y toma la Comunión fervorosamente. Llega un grupo de soldados que retrocede luchando con un numeroso tropel de sarracenos. Un moro se avalanza sobre el altar. En la pelea FABIAN recibe un mandoble y cae abatido al suelo.
    Los cristianos logran hacer retroceder a los moros. M. MATEO acude a auxiliar a FABIAN.

    FABIAN. - (Herido de muerte, hablando en el suelo.) Mosén... Mosén Mateo... Póngase a salvo... Tómese las formas...
    M. MATEO. - Muchacho...
    FABIAN. - ¡Tómeselas.. .1 Que no las profanen esos malditos.
    M. MATEO. - Son las que debían recibir los capitanes.
    FABIAN. - Mosén Mateo... Yo no esperaba este fin para mí... Cuando vuelvan victoriosos los nuestros, dígales que fui... un... co... cobarde... por... por no salir el pri... pri... primero a la lu... lu... lucha...
    M. MATEO. - Eres un héroe, Fabián.
    FABIAN. - Y... y... y... cuando vaya a Da... da... roca, cuén... te... les...
    M. MATEO. - Les diré que has muerto como un verdadero héroe.
    FABIAN.- Que... que... Dios me... per... do... ne... (Y muere.)
    M. MATEO. - Te espera ya en el puesto que te guarda en el Cielo. (Cierra los ojos de Fabián y rezando ante él lo bendice.)

    M. MATEO se encuentra solo.
    Continúa el rumor de la batalla.
    Duda M. MATEO. Se aproxima a altar y recoge las formas, envolviéndolas en los corporales. Con ellos en las manos mira el cuerpo tendido de FABIAN.

    M. MATEO. - Nos hemos quedado sin un soldado de Daroca... Bien sabe el Señor que la Misa puede esperar. ¡Los Tercios de Daroca no han de quedar incompletos!

    M. MATEO oculta los corporales al pie de un árbol. Vuelve y toma las armas de     FABIAN y tras quitarse las vestiduras de celebrar, se dispone a ir a la lucha.

    M. MATEO. - ¡Animo, darocenses! Aquí está el soldado que faltaba.

    Se detiene en su caminar.
    Han sonado trompetas de retirada y el griterío se aleja, hasta desaparecer. Hay un silencio solemne. Unos soldados retiran los cuerpos de los que han muerto.
    En silencio, regresan los victoriosos cristianos, con su general y capitanes, que se sitúan en donde estaban anteriormente.

    D. BERENGUER. - (Desde su alto sitial.) ¡Orgulloso estoy de vosotros, leales soldados! Pocas bajas hemos tenido. Motivo de más para agradecer a Dios su ayuda. La victoria ha sido del Altísimo. Démosle gracias, rendidamente.

    Todos los soldados quedan postrados, de rodillas.

    D. BERENGUER. - Podemos, por tanto, continuar la Misa, ahora en acción de gracias. Mosén Mateo, podéis darnos la Comunión.

    D. BERENGUER, D. VICENTE y los cuatro capitanes se adelantan hacia el altar.
    M. MATEO queda un instante confuso. Por fin se decide a ir a buscar los Corporales, donde los dejó.
    Le acompaña una música suave, dulce, celestial.
    El momento es sublime. Con recogimiento, M. MATEO va hacia el altar y deja sobre él los Corporales. Los extiende.
    En este momento, la música rubrica el milagro. Hay un cántico celestial en el fondo. M. MATEO, asombradísimo, no da crédito a lo que ve. Al fin, cae de rodillas con un sollozo alegre.
    Momento de expectación.
    Baja de tono el coro angélico, hasta perderse en la lejanía.

    D. BERENGUER. - (Acercándose a M. Mateo.) Buen Padre, ¿cuál es la causa de vuestra turbación?

    Como respuesta, M. MATEO se incorpora. Toma de altar los Corporales y con los brazos bien en alto, temblándole las manos de emoción, sin poder decir palabra, los muestra a la tropa. Se aprecian claramente las seis formas ensangrentadas y adheridas al paño de los Corporales.

    D. BERENGUER. - (Asombrado y sobrecogido.) ¡ ¡Milagro!!
    VARIAS VOCES. - (Repitiendo de una en una, hasta que el clamor es general.) ¡Milagro...! ¡Milagro...! ¡Milagro...! ¡Milagro...!

    Entre el murmullo de «milagro, milagro», surge una música angelical. Todos los presentes caen de rodillas. M. MATEO, solemnemente, rodeado por los soldados, en actitud adorante, mantiene en alto los Corporales. Este impresionante cuadro plástico es subrayado con el fondo de la música en tono impresionante.

Volver a La Victoria del Cielo