HIMNO A DAROCA

 

    ¡Salve, salve, ciudad de Daroca;
siempre noble, valiente y leal!
¡Salve, concha del fértil Jiloca,
relicario de perla inmortal!

    Hoy tu nombre de grata memoria,
limpio espejo del pueblo español,
nuestro canto de honor y de gloria
se levanta más alto que el sol.

    Que tú fuiste aquel pueblo bizarro
que al indómito moro venció,
y triunfante tu bélico carro
por las vegas del Turia cruzó.

    Allí fueron tus hijos leones,
allí fue audaz su valor,
que don Jaime les dio los pendones
que tremolan con gloria y honor.

    Allí fue ver los seis capitanes
ante Dios de rodillas están,
pero pronto se vuelven titanes
al oír al feroz musulmán.

    Ya resuenan sonoras trompetas,
rompe el aire vibrante clarín;
los caballos, cual rojos cometas,
van fogosos rizando la crin.

    Ya las armas vibrantes de guerra
con estrépito se oyen chocar;
sangre mora inundando la tierra
se la ve cual torrente rodar.

    ¡Oh, portento! ¡Misterio!
¡Victoria! ¡Misterio! ¡Victoria!
grita al punto el feliz vencedor,
el feliz vencedor
y aparecen seis soles de gloria que
deslumbran con tanto esplendor.

    En tu cielo, dichosa Daroca,
en tu cielo, dichosa Daroca,
con eterno fulgor brillarán,
y las olas del fértil Jiloca
modulando himnos mil pasarán,
modulando himnos mil pasarán,
en tu cielo, dichosa Daroca.

    ¡Salve, Reina! Tus fuertes murallas
aún coronan tu sien inmortal
y recuerdan tus grandes batallas,
tu heroísmo y valor sin igual.

    ¡Salve! ¡Salve! Ciudad venturosa
limpio espejo del pueblo español.
Y descansa escuchando orgullosa
nuestro canto más alto que el sol,
nuestro canto más alto que el sol,
¡más alto que el sol...!

Volver a La Victoria del Cielo