LUCHENTE, DAROCA Y CARBONERAS

Castillo de Chio en Luchente     En el sagrado laberinto de las fechas, 1239 se inscribe en una limpia resonancia sacra, centro y norte de la devoción eucarística. Los ejércitos cristianos de la corona catalano-aragonesa cristalizan su fe y su esperanza en la contemplación de un suceso singular y ante las divinas Formas sangrantes rinden su razón colocando en adelante su fuerza en el signo que les llega del próximo Allá potenciando el arranque vital de su ser que anunciará su credo en la presencia cierta del Jesucristo amado, Salvador y Señor de los siglos. Así aquella mañana de incertidumbres y escaramuzas, de temores e impaciencia se hace aurora de futuras congregaciones de creyentes admirados por la luz que del cielo les ciega. Y lo que era triunfo del enfrentamiento se convierte en procesión, en devoto peregrinaje, camino desde el enclave del montículo frente a la fortaleza de Chio hasta el torreón de Daroca, poseedora, Convento de los Dominicos en Carboneras de Guadazaóndesde entonces, del prodigio. Escenario del portento, el monte santo de Llutxent, el Puig del Codol, dominando los caminos hacia Denia, Alcoy y Albaida, arriba Valencia, la recién tomada ciudad que el moro detentara y ayer al Conqueridor se entregara. Daroca, arca y sagrario, custodia de aquellos Corporales fijadas las Formas para siempre al lienzo y, al lado, el otro precioso paño de su hijuela que, siglos después, trasladada a Castilla, residirá en la villa conquense y moyana de Carboneras de Guadazaón.
     Sucede este largo contar, setecientos cincuenta peldaños o escalones del tiempo, en medio de una sociedad demasiado acostumbrada al cambio y trueque que el consumo ocasiona, ocupada en peraltar los ocios y sólo pide el bienestar y la despreocupación por lo transcendente; cuando hablar de milagro Monte Santo en Luchenteasusta y las explicaciones de lo asombroso se miden por las dimensiones palpables de la ciencia. Es ahora cuando nosotros pregonamos lo que en el pasado fue pauta y causa de un hacer, referencia a un estar con el señor y su presencia cierta en medio de la iglesia. Pero es demasiado tiempo. setecientos cincuenta años, fijos los sentidos cada 23 o 24 de febrero, cada festividad del corpus y cada Segundo Domingo de Mayo, para asegurar lo que generaciones han proclamado y legado a las siguientes; Setecientos cincuenta años de una mañana de febrero en que, al brillo de las espadas, los cascos y armaduras, la presencia eucarística de Jesús en el Sacramento dejó escapar su sangre para empapar formas y telas, señal que el Papado tomara, seguramente, instituyendo el Corpus para la Cristiandad católica de Occidente. Fechas transcendentes en que se afianza la Monte Santo en Luchenteconquista del Mediterráneo y desde el Puig de Enesa soldados de Teruel, Calatayud y Daroca se aúnan a don Jaime el Conquistador en la gran empresa.
     Volver con la memoria al Puig del Codol, a la Misa tempranera de mosén Mateo Martínez, a la expedición guerrera de don Berenguer de Entenza que, desde el otro Puig donde se venera la imagen de María en el monasterio mercedario de Valencia, se encamina al castillo de moros de Llutxent; con el recuerdo, es forzarse a repetir el suceso: moros y cristianos en larga pugna y guerra interminable y el asombro ante la maravilla, la pausa que logra lo inaudito. Retornemos si, a la mañana del fresco febrero, la celebración de campaña, la Consagración y la interrupción impuesta por el ataque inicial, el retorno y el descubrimiento de lo que parece cosa imposible: unos Corporales Castillo de Chio en Luchenteaprovisionando las Hostias sangrando y a la Hijuela que impregnan; la piadosa disputa de la pertenencia y el fiar a la Providencia el lugar donde deben quedarse las santas prendas. Quizá alguno escucha estas palabras por vez primera y no tenga claro el acontecimiento. Por ello repetimos lo que, otra vez, escribimos: "En febrero de 1239 ha adelantado sus tropas al castillo de Chio en el Pinet, junto Luchente, don Berenguer de Entenza, general del rey don Jaime I, su sobrino y señor. Aposentada la tropa en el hoy llamado Monte Santo o Puig del Codol, los ejércitos se miran recelosos a pesar de las treguas acordadas y los pactos. Con don Berenguer de Entenza hay catalanes, darocenses y nobles de Calatayud y Teruel. En don Berenguer no priva, precisamente, el deseo de cumplir lo pactado y desea cubrir el castillo para así dominar caminos de Albadia, Alcoy y Alcira. El guerrero catalán desea Iglesia del Convento de la Trinidad en Darocaardientemente la batalla y arenga a los soldados. Como comienzo no puede faltar la Misa que oficia el capellán mosén Mateo Martínez. Momentos que aprovechan los musulmanes valencianos para iniciar ellos el ataque. La celebración es interrumpida y el sacerdote esconde bajo una piedra el pan consagrado mientras los cristianos contestan eficazmente el ataque. La escaramuza no da resultado definitivo alguno y terminada cada cual vuelve a su enclave: los capitanes de don Berenguer desean recibir la comunión interrumpida y todos van al improvisado sagrario donde mosén Mateo escondió las Formas consagradas; pero su aspecto es bien distinto al de momentos antes: están pegadas y sangrantes en el lienzo, tiñiendo también la Hijuela. Ante el prodigio se alzan los gritos de admiración y fervor. Los moros los interpretan contrariamente y vuelven a la Iglesia del Convento de la Trinidad en Darocapelea por lo que suponen confusión en el campo cristiano. Ya tienen motivo de defensa y estimulo los catalano-aragoneses. Bajo aquel inprovisado pendón sagrado los soldados toman el castillo y vencen al musulmán. Realidad: los Corporales y las Hostias sangrantes, la Hijuela manchada". Lo que sigue será confiado a la Providencia.
     De acá a unos días y ya en febrero, Llutxent conmemorará el acontecimiento, las campanas de su torre principal pedirán a los campaniles repitan su son llevándolo al viento de los cohetes y chirimías, solemnizando la celebración con la presencia de parte de aquel "testigo" eucarístico. La dura vegetación de un Levante de roca y piedra se alegrará con la algarabía humana elevando y consagrando el altar y su peñasco; las paredes gloriosas del convento de dominicos se extremecerán acosadas de fieles y Convento de los Dominicos en Carboneras de Guadazaóncreyentes; otra vez una cruz invisible señalará el lugar y los blancos muros de la ermita de María y la multitud descenderá procesionalmente al pueblo y su iglesia. Banderas y estandartes, peregrinos de Aragón y de Castilla-La Mancha rezarán en común con los de Valencia la oración que el Señor Jesús enseñara, confesando al mundo su fe en la presencia viva de Jesucristo en la Eucaristía.
     Tal vez sea hora en esta proclama del anuncio de lo que en verdad interesa: ir más allá del signo para anunciar la fe en el misterio eucarístico que es el centro y meollo de este Aniversario: Los cristianos creemos en que Jesús se aposenta en el pan y el vino consagrados. Es Acción de gracias, asamblea, convite y banquete, repetición del mandato hasta que El vuelva: Sacrificio de paz y reconciliación; signo de una participación universal de cuánto el cosmos supone, legado común de unos bienes que nos hacen hermanos y participes de una herencia. También es para nosotros el público reconocimiento al Amor y el Amor: Mesa y procesión anuncio gozoso de lo que poseemos como un don destinado a todos. Y ya no es enfrentamiento ni batalla que mancha por la violencia: participación y caridad fraterna que nos hace mirar al otro como imagen del Dios vivo. Pange, lingua, como cantara Santa HijuelaSanto Tomas y repetirán la generaciones.
     Por ello la subida al Puig del Codol alzará nuestro entusiasmo entre el contacto de gentes diversas llegadas allí para iniciar una nueva peregrinación de paz y entendimiento entre los pueblos. Daroca, esa encendida ciudad de Aragón del Jiloca, regurgitara sus cepas nuevas del vino del Señor enseñando las santas Hostias: Corpus glorioso de Daroca y las murallas no serán barrera si no pedestal de pronunciamientos cuyo eco tienda a meterse e introducirse en el corazón de todos. No buscamos triunfalismos vanos que tampoco son propicios en este instante; pero no hay quien contenga nuestro gozo y contento y del templo saldrá la carroza que los darocenses llevan por sus calles, al costado la vía que deja pasar los vehículos del mundo. O Carboneras de Guadazaón, lugar de Castilla-La Mancha, en el Marquesado de Moya y Diócesis de Cuenca, donde hoy se venera la santa Hijuela del Santo Misterio de los Corporales, llegada allí cuando se hacía la unidad de las Españas y se encontraban dos Continentes y mundos, quien sabe si alentados los protagonistas por la presencia de la Santa Reliquia que los darocenses entregarán a sus soberanos de Aragón y Castilla, presente en la tienda real.
Capilla de la Santa Hijuela en la Iglesia Paroquial de Carboneras de Guadazaón     La ciudad de Daroca recibió un día el legado de este signo eucarístico y lo albergó con cierta satisfacción en el ábside románico de su iglesia primera, refugiándolo luego en el alabastro gótico de su actual capilla de Santa María. Las suertes que señalarán la pertenencia a Daroca o la acémila conductora hasta la Torreta trajera los lienzos teñidos es un regalo sin par que el cielo otorga a los darocenses que, otro día, un 25 de noviembre de 1495, donaran a los Reyes Católicos la prenda impar de la Santa Hijuela. Isabel I la dejaría, a la hora de su encuentro con el Ser supremo, en manos de la amiga y confidente, la consejera y fiel vasalla, "segunda en la corte, doña Beatriz de Bobadilla que en su señorío de Moya la deseara por los tiempos confiada al rumor del Guadazaón, arca por su convento de dominicos y su vieja iglesia parroquial. Los viejos, vetustos montones de la Madre Tierra son pedestal del caserío; el río, rito lustral de purificaciones. Antaño, Carboneras de Guadazaón surgió de los humos vegetales que le dieron nombre; las fuentes del llano apellido. La Santa Hijuela muestra la sagrada sangre en el santo lienzo y protege a sus gentes. El pueblo se alarga -dragón o serpiente- colocando su hermosa cabeza, levantada en lo alto, tocando los cielos azules. Carboneras procesiona, cada segundo domingo de mayo, esta Reliquia a lo largo de su urbanización, de su alargado y trazado Iglesia Colegial de Darocacallejero, en medio de vítores propios a los que acompañan los registros devotos de otros tantos pueblos hermanos: Reíllo el del realengo y Villaviciosa; Pajarón y Pajaroncillo de hermosos nombres celestes; la árborea Arguisuelas.
     Daroca y Carboneras custodios de un don del cielo. Daroca impar, ciudad de hermosura a la que el Jiloca endulza y agasaja, con el Misterio de los Corporales, trazo de seguridad en la Eucaristía, Formas patentes, bien visibles de lo que aconteciera hace ahora sus setecientos cincuenta años. La villa moyana y conquense de Carboneras con la Hijuela ensangrentada de esos Santos Corporales. Jiloca y Guadazaón, ríos afluentes de tributarios del mar levantino llevando, conduciendo su caudal u cola al origen, trenzando sus vueltas de retorno hacia el Llutxent Sagrados Corporalesde los arbustos y romeros en flor.
     Este pregón, amigos y fieles del Santo Misterio, es llamada y convocatoria a la prenda de salvación, toque de atención del amor universal, participación y encuentro: la Eucaristía, legado del Señor hasta su vuelta. Por ello mismo es espectación y vigilia, nunca parada, si posada de un caminar o viaje; viático y fuerza de la paz fruto de la justicia y no violencia desatada ni enfrentamiento de las fes distintas. Se dice en esta Casa de Castilla-La Mancha referencia a una tierra abierta y noble, señera en la aventura sublime que recibe luz e inspiración en su ilusión y se lanza a los mares de la solidaridad del comportamiento humano. Castilla-La Mancha corona y ombligo del cosmos infinito, tierra donde convivieron gentes diversas con también diversas opciones espirituales. Casa de Castilla-La Mancha en Madrid capital de las Españas donde llueven a diario las aguas de toda la Península; Madrid, corte y palacio de la Corona integradora; villa de todos y seno al igual de los del norte, sur, este y occidente.
     Amigos cuando llegueís al Jiloca y a su gran ciudad de Daroca; al retener los pies en Carboneras o escalar el Puig de Llutxent, pensad que el Amor se os revela de un estar de Jesús, el Señor, con nosotros.

                                                                
He dicho: Carlos de la Rica.

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