Restauración
La capilla de los Corporales, además de ser importante por su significado religioso,
constituye uno de los
monumentos más representativos de la escultura
gótica en Aragón. El mal estado de conservación, agravado en los años ochenta, exigía
una rápida intervención que ha sido llevada a cabo por los arquitectos Fernando Aguerri
y Javier Ibargüen, y por el equipo de restauración dirigido por Mercedes Nuñez y
Encarna Ripollés.
Se ha realizado un trabajo preciso y minucioso, reforzando cimientos,
consolidando arcos y bóvedas, eliminando repintes, reintegrando volúmenes y devolviendo
policromas. Una labor difícil y apasionante, a la vez que enriquecedora, especialmente
para quien escribe, satisfecho de haber podido asistir al lento proceso de restaurar la
belleza.
Este es el momento de contemplar todo el esplendor del espacio sagrado,
con los retablos, esculturas y pinturas. Y es a partir de la restauración cuando se
hace necesario un análisis profundo de todos los elementos de la Capilla de los
Corporales, a la luz de los nuevos descubrimientos y utilizando los documentos que se
conocen. Todo lo que pueda escribirse en este momento ha de ser considerado como
provisional.
Capilla de los Corporales
Hablamos de la capilla refiriéndonos a los retablos de, piedra caliza y de yeso
realizados a lo largo del siglo XY
utilizando el ábside central de la iglesia románica. Fue este ábside capilla
mayor de dicha iglesia hasta que a finales del siglo XVI se construyó un nuevo templo
transversal al antiguo, pero conservando la torre y la puerta del Perdón al oeste y la
cabecera al este. En ese momento quedó la capilla como un espacio especialmente sagrado,
denominado Capilla de los Corporales.
Parece que la primera decoración del interior del ábside es la que se
realizó hacia 1372. Ese año el pintor de, Daroca Enrique de Bruselas recibía del
cabildo de Santa María cuarenta y seis florines de, oro por la pintura de ciertas
imágenes en el ábside. Estas imágenes, fijadas por el equipo de restauración para su
conservación, se ven bastante mal, especialmente en la parte baja, aunque es posible
imaginar algunas escenas de la vida de la Virgen; en un friso superior, a la altura de los
vanos, se representa el Tránsito de María entre apóstoles con versículos del Credo; en
el cascarón puede verse la Coronación de la Virgen; y en la bóveda se pintó un cielo
con estrellas, el sol y la luna, con el Dios Padre y el Tetramorfos.
Tal vez en ese momento aún no se había trasladado la Sagrada Reliquia
a la iglesia de Santa María; al menos en
las pinturas no se aprecian los emblemas de los Corporales. El primer documento
en el que a la iglesia se le denomina Santa María de los Corporales es del año 1376; es
posible que ese sea el momento aproximado del traslado. Al año siguiente la iglesia era
elevada al rango de Colegial.
El hecho es que los Sagrados Corporales convirtieron a Daroca en un
centro religioso importantísimo y lugar de peregrinación de la cristiandad. Y la iglesia
de Santa María fue objeto de especial atención por parte de arzobispos, papas y reyes;
así, en 1384, el rey de Aragón Pedro IV encargaba una Custodia-relicario a Pere
Moragues, para guardar y exponer los Corporales. Durante el reinado de Alfonso V y María
de Castilla se construyó la torre de piedra. Y la propia capilla parece haber sido
costeada por la reina doña María, en un primer momento y posteriormente por los Reyes
Católicos.
Un taller de escultura gótica
Conviene dejar claro, en primer lugar. que hay dos etapas en la construcción de la
capilla: una primera,
coincidiendo con el segundo cuarto del siglo XV, en la que se
habría edificado lo que es verdaderamente la capilla: los dos retablos de piedra, las
capillas «chicas» que hay entre ellos y los relieves de los Corporales; una segunda
etapa, entre 1480 y 1490 aproximadamente, en la que se habrían construido los retablos
murales de los lados.
El conjunto de los dos retablos unidos por tres bovedillas de crucería
está al fondo del ábside y sin duda obedece a Lina traza unitaria: se proyectó un
espacio sagrado reducido, entre los dos retablos, bien iluminado por un óculo abierto en
el lado sur del ábside, al que los rieles no podían acceder, aunque si ver las
ceremonias a través de los tres arcos de la parte baja del retablo-jubé.
Todo este conjunto escultórico es de piedra caliza blanca, blanda para
ser trabajada aunque consecuentemente se deteriora fácilmente.
Distinguiremos cuatro partes: el retablo-jubé, el retablo-relicario,
las capillas chicas o presbiterio y los relieves.
Retablo-jubé, llamado así por
separar dos espacios con arquerías, es un gran retablo montado sobre tres arcos, con
numerosas figuras de piedra: la Virgen en el arco central, con apóstoles, profetas,
evangelistas, y un Calvario en el remate.
El retablo-relicario se colocó
pegado al ábside; tiene una predela en la que se dispusieron siete esculturas, tres de
ellas desaparecidas al practicar a finales del siglo XVIII un (óculo para los Corporales;
en ese momento se desplazo hacia arriba, por el mismo motivo, la talla de la Virgen con el
Niño que ocupa el centro de dicho retablo.
Todas las esculturas de los dos retablos están policromadas y
mostraban repintes debidos a la reforma del
momento del óculo y aún otros posteriores, eliminados en parte
por el equipo de restauración.
Las capillas. Las tres bóvedas que
están entre los dos retablos llevan una decoración de angelotes músicos en los nervios,
además de pinturas de grutesco tanto en las molduras como en la plementería.
Toda esta obra tiene gran relación con la escultura de la escuela
borgoñona.
No así los relieves de los Corporales,
que se colocaron en los ángulos de las capillas laterales, a los lados del retablo
-relicario, que más bien se relacionan con el estilo internacional de Pere Johan. Están
labrados también en piedra caliza y, tras la restauración, muestran un rico colorido con
detalles de oro y plata.
Se dispusieron dieciséis registros, agrupados de cuatro en cuatro; se
conservan bien los de los laterales, pero se han perdido cuatro a los lados del retablo,
al practicar una puerta de entrada al camarín en el siglo XVIII y simular otra en el lado
opuesto.
En ellos, de izquierda a derecha,
se narra de forma muy resumida el milagro de los Corporales tal como se conocía a través
de la Carta de Chiva, documento de 1340 que se guarda en el Archivo Colegial.
Los cuatro primeros, situados en el lateral izquierdo, parecen narrar
la incursión de los tercios de, Teruel, Calatayud y Daroca en tierras musulmanas, al sur
del Júcar, una vez conquistada la ciudad de Valencia en el año 1236.
En el segundo grupo se ve, cómo las tropas están en un campamento
esperando la batalla; lógicamente, en los dos registros que faltan se recogería la
celebración de la misa y acaso el comienzo de la batalla.
En los otros dos que quedan del tercer grupo, en la parte derecha, se,
aprecia el final de la batalla con los moros por el suelo y el momento en que el sacerdote
muestra las hostias en el paño, una vez sucedido el milagro, y como los soldados las
adoran arrodillados.
El cuarto grupo se dedica a narrar el camino de los Corporales desde
Luchente, a lomos de una mula blanca, la
llegada a Daroca, la muerte de la mula a la puerta del hospital de
San Marcos y la procesi0n por la ciudad. Era el día 7 de marzo del año 1239.
Son relieves de gran calidad y claro sentido narrativo, con figuras
pequeñitas que tienen alguna semejanza con algunos grupos del retablo de La Seo. Por ello
se ha pensado que pudieran ser obra de Pere Johan, quien en el verano de 1445 estaba en
Daroca.
Tradicionalmente se había atribuido todo el conjunto de piedra al
escultor darocense Juan de la Huerta, documentado en el ducado de Borgoña entre 1443 y
1462, trabajando en la tumba de Juan Sin Miedo. Allí habría asumido el estilo borgoñón
que luego habría aplicado a la capilla de los Corporales, en la segunda mitad del siglo
XV; apoyaba esta cronología la presencia en la parte alta del retablo de un escudo que se
identificaba con el del rey Juan II.
Pierre Quarré, defendió en 1973 una nueva teoría: el conjunto
mostraba un estilo muy próximo al de algunas obras realizadas a principios del siglo XV
por Claux Werve, sobrino de Sluter, en Dijón; y un seguidor del primero, cuyo
nombre se, desconoce, habría sido el creador de un
conjunto tan borgoñón como el de Daroca; admite la posibilidad de que Juan de la Huerta
hubiese trabajado con dicho escultor en la capilla de los Corporales; este aprendizaje le
habría abierto posteriormente las puertas en Dijón.
Admitida esta temprana cronología, se ha pensado en la posibilidad de
que en dicha capilla hubiesen trabajado dos artistas documentados temporalmente en Daroca:
primeramente el maestro Issambart, que residía en Daroca en 1417, cuando fue llamado a
Zaragoza para dictaminar sobre el estado del cimborrio de la Seo; en septiembre de 1445,
Pere Johan era llamado también a Zaragoza para continuar sus trabajos en la Seo; parece
que había estado en Daroca durante ese verano. Issambart habría iniciado los trabajos en
la capilla y Pere Johan habría sido el autor de los relieves de los Corporales, como ya
se ha dicho.
Con todas las reservas, y tras algunos resultados de la restauración,
puede adelantarse que:
1º. Toda la obra de piedra obedece a un
proyecto que se, iniciaría durante el primer cuarto de siglo XV y se acabaría a mitad de
siglo; se debería al impulso de la reina María de Castilla. Esta obra se habría ideado
bajo la dirección de un escultor venido de Borgoña, que acaso pudo ser el propio
Issambart, y con el que pudo colaborar Juan de la Huerta.
2º. Los relieves pueden ser del taller de Pere Johan, quien habría
venido a Daroca en 1445, tal vez para dirigir los trabajos finales.
3º. No parece clara la supuesta aportación del rey Juan II, ya que el
escudo de armas que hay en la parte alta del retablo, sostenido por dos ángeles, no
parece ser de este rey sino de la reina doña María.
4º. Hacia 1480 se, decidió decorar el espacio interior al
retablo-jubé, en los laterales, con unas yeserías que forman
grandes arcos lobulados y conopiales y encierran los emblemas de
los Corporales y de los Reyes Católicos; en pedestales de cardinas se hallan colocadas
doce tallas de madera. Parece que estos murales laterales fueron sufragados por los Reyes
Católicos y encargados a Juan de Talavera, tal como documentó el investigador Steven
Janke; aunque parece que pudieron intervenir dos o más escultores.
5º. Ya en el siglo XVI se elevó el retablo, colocando un friso de
grutesco sobre otro de tracería gótica; con esta obra el Calvario llegaba casi a la
bóveda de crucería.
6º. Finalmente, entre 1504 y 1508 se pintaron las bóvedas de las
capillas entre los retablos de piedra, los relieves, las esculturas de los retablos, los
ángeles músicos de los cruceros, guardapolvos, etc.
Pinturas «del arte romana»
Ya se ha hecho alusión a los repintes que alteraban de forma sustancial el carácter de
las esculturas. El meticuloso
trabajo de] equipo de restauración ha devuelto a todo el conjunto
gran parte de su belleza primitiva.
No nos referimos a estos repintes sino a las pinturas realizadas a
principios del siglo XVI, que pasaron a formar parte de la obra, dándole un toque moderno
a todo el conjunto.
Todo el trabajo realizado se recoge en dos documentos conservados en el
Archivo de Protocolos Notariales de Daroca. El uno de 1504 y el otro de 1508, ambos
publicados por el autor de este trabajo en 1996.
En 1504, Juan de Loperuelo, regidor de los Corporales, contrataba con
los pintores Juan de Bruselas y Domingo Gascón la pintura y el dorado de la capilla
chica, a la izquierda del altar mayor de los Corporales.
Se habían de pintar los cruceros «del romano», así como los
ángeles «penchantes»: los ropajes, blancos; los «embesses», de, colores; y los
cabellos y alas de oro.
En los plementos y los campos de
las tallas se pintarían ramos «a la romana» sobre fondos azul o carmín.
También se habían de pintar las ocho historias o relieves de los
Corporales.
Todo esto ha aparecido en la restauración: se ve una decoración de
grutesco, tanto en plementos como en las copadas (molduras cóncavas) y oro en los
verdugos (molduras convexas); asimismo pueden verse los diversos colores en las escenas de
los Corporales, con adornos de plata y oro.
En 1508 el cabildo encargaba a Pedro de Trulvadia una serie de trabajos
que había de realizar en los retablos. Parece que éstos habían sufrido algunos
desperfectos, tal vez como consecuencia de la construcción de la bóveda de crucería de
la capilla y de la reforma del retablo-jubé.
El trabajo general consistía en lavar de «blanquet» todo el retablo
nuevo y viejo, la bóveda de los Corporales y la del altar mayor, los cruceros, pilares e
imágenes.
Se concretaban las tareas en el
documento:
Encarnar los desnudos y repasar los vestido.
Pintar las «polseras de madera» con rosas o «carchofas» y dorar la corona.
Dorar y acabar las peanas de los apóstoles y profetas.
Devolver los colores y el oro a las imágenes de la Virgen y San Juan.
Pintar en la «lizera», tanto los «infanzones» (niños) como los «monstruos» (animales fantásticos). Esta lizera o friso es la que se había colocado para elevar el retablo.
De esta forma la capilla de los Corporales había sido objeto de una remodelación, tanto en la estructura del retablo-jubé como en la pintura y el dorado del conjunto, dándole así un acabado renacentista.
Fabián Mañas
Zaragoza-Mayo de 1999